COFADEH: DEA Agents Massacre Civilians

In this article, it states six people were killed, versus the four that El Tiempo claims. Click headline for original in Defensores en Linea; translation by Sofia Jarrin:

Consequences of the military occupation

Although we have not read the official reaction of the U.S. Embassy about the tragic military actions of the Drug Enforcement Agency in detriment of the civilian population of the municipality of Ahuas in La Mosquitia, we can draw three preliminary conclusions.

The first one is that the operation launched at night against suspected drug dealers early Friday, was led by U.S. military uniformed agents of the DEA.

Mayor Baquedano from Ahuas and confirmed it, and Commissioner Ramirez del Cid, a former liaison between the US Embassy and Casamata, admitted it.

The second conclusion is, then, that a foreign army protected under the new hegemonic concept of the "war on drugs", legalized with reforms to the 1953 Military Treaty, violates our territorial sovereignty and kills civilians as if it was in Iraq, Afghanistan, Libya or Syria.

Two pregnant women, two children and two adult males were killed by shots fired from helicopter gunships piloted by U.S. soldiers on a boat on River Patuca returning to their community. They were workers of a diving cottage industry.

The third conclusion drawn from the above is that the "failed state" of Honduras gave way to the foreign military occupation under the script of the "war against the drug cartels", similar to what has happened in the past eight years in Mexico, Colombia and Guatemala.

And this reality, from the perspective of a human rights organization, is unacceptable and reprehensible.

In a country under military occupation, as it occurred between 1979 and 1990, as part of the strategy of low intensity warfare against armed insurgencies in Guatemala, El Salvador, Nicaragua and Honduras, the main victims were civilians.

The so called Honduran authorities have the ethical and political duty to demand from the US Department of State an explanation and a public apology, and to punish those responsible for the Ahuas massacre.

To keep an act of terror covered up in the midst of media confusion was always a strategy of psychological warfare, a special chapter of state terrorism.

We should not accept this. We demand an official statement immediately!


Tegucigalpa.

Aún cuando no hemos leído la reacción oficial de la Embajada de Estados Unidos sobre las trágicas actuaciones militares de la Agencia Antidrogas en perjuicio de la población civil del municipio de Ahuás, en La Mosquitia, podemos sacar tres conclusiones preliminares.

La primera es que el operativo nocturno lanzado contra supuestos blancos narcotraficantes la madrugada del viernes anterior fue protagonizado por militares estadounidenses uniformados como agentes de la DEA.

El alcalde Baquedano, de Ahuas, así lo confirmó y el comisionado Ramírez del Cid, antiguo enlace entre Casamata y la legación gringa, lo admitió.

La segunda conclusión es, entonces, que un ejército extranjero amparado en el nuevo concepto hegemónico de “guerra contra el narcotráfico”, legalizado en reformas al Tratado Militar de 1954, viola la soberanía territorial y mata población civil como si estuviera en Irak, Afganistán, Libia o Siria.

Dos mujeres embarazadas, dos niños y dos hombres adultos murieron por los disparos hechos desde helicópteros artillados pilotados por militares estadounidenses sobre una embarcación que regresaba desde la barra del río Patuca a su comunidad. Eran trabajadores de la industria artesanal del buceo.

Y la tercera conclusión, derivada de la anterior, es que el “estado fracasado” de Honduras le dio paso ya a la ocupación militar extranjera en el guión de la llamada “guerra contra los carteles de la doga”, similar a lo ocurrido en los últimos ocho años en México, Colombia y Guatemala.

Y esta realidad desde la perspectiva de una organización de derechos humanos es inadmisible, y reprochable.

En un país ocupado militarmente, como ocurrió entre 1979 y 1990, en el marco de la estrategia de Guerra de Baja Intensidad a las insurgencias armadas de Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Honduras, las principales víctimas fueron las poblaciones.

Las llamadas autoridades hondureñas están en el deber ético y político de exigir al Departamento de Estado de Estados Unidos una explicación, luego una disculpa pública y sanción a los responsables de la masacre de Ahuás.

Mantener un hecho de terror amparado en la confusión mediática fue siempre una estrategia de la guerra psicológica, capítulo especial del terrorismo estatal.

No debemos admitirlo. Exijamos un pronunciamiento oficial de inmediato!